El “Socialismo Utópico” en México 1860-1880.

El presente  ensayo tiene como objetivo principal dar a conocer las ideologías difundidas por inmigrantes y utopistas locales en el México del siglo XIX, entre las décadas de 1860 y 1880, que contribuyeron a la conformación de los primeros programas socialistas en nuestro continente. A su vez, exponer las condiciones socios culturales de los periodos antes mencionados, sin incurrir propiamente en una filosofía de historia.

El socialismo <<utópico>> (denominación que en lenguaje marxista tiene por lo común un carácter peyorativo)[1] surge a mediados del siglo XIX en Europa, designa aquellas teorías y acciones políticas que defienden un sistema económico y político basado en la socialización de los sistemas de producción y en el control estatal (parcial o completo) de los sectores económicos, lo que se oponía frontalmente a los principios del capitalismo.

Aunque el objetivo final de los socialistas utópicos era establecer una sociedad comunista o sin clases, se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo.

A medida que el movimiento evolucionó y creció, el concepto de socialismo fue adquiriendo diversos significados en función del lugar y la época donde arraigara.

Con la Revolución Francesa y los discursos de François Nöel Babeuf, el término comenzó a ser utilizado de forma habitual en la primera mitad del siglo XIX por los intelectuales radicales, que se consideraban los verdaderos herederos de la Ilustración tras comprobar los efectos sociales que trajo consigo la Revolución Industrial.

El socialismo utópico, con los contenidos específicos que ostenta en su tardía aparición, es un fenómeno propiamente europeo. Nace en el fragor revolucionario de los años 1789-1799, implícito en el afán de libertad, fraternidad e igualdad que la revolución exalta.

El socialismo nace cuando el afán de edificar una sociedad igualitaria y se convierte en un programa de aplicación inmediata, a su vez surge como la reacción revolucionaria –se nutre de los valores e ideas de 1789- a las consecuencias sociales de la llamada revolución industrial.

Los pequeños propietarios rurales y los artesanos gremiales en las ciudades se ven paulatinamente obligados a proletarizarse, dando así nacimiento a una clase obrera que tiene que aceptar condiciones de vida hasta entonces inimaginables,[2]  las izquierdas en toda Latinoamérica han menospreciado su importancia histórica y filosófica en la contribución de difusión de las ideas socialistas entre las masas latinoamericanas, pero incluso Carlos Marx y Federico Engels han rescatado aspectos estratégicos relevantes de las sociedades alternativas que han planteado sus teóricos. Engels decía en su juventud:” nos enorgullecemos de descender de Saint-Simon, Fourier y Owen.”[3] Los socialistas utópicos, a diferencia de los creadores de utopías anteriores, como Tomás Moro, nacieron de una sociedad urbana industrializada.

Entre sus principales representantes tenemos a Claude Henry de Rouvroy, conde de Saint Simón (1760-1825) era una mezcla de socialista con demo burgués que quería reconciliar el capitalismo mediante la conciliación entre industriales y trabajadores y, al mismo tiempo, combatir la nobleza y la alta jerarquía eclesiástica.

Charles Fourier (1772-1837) era un poco más radical en sus pensamientos, tanto hacia el capitalismo como hacia sociedades alternativas. Su proyecto de vida, falansterios, comunidades donde todos participaban en la producción, basados en un nuevo trato a la pareja y a los hijos. Pronto toda América se dejó influenciar por este sistema, preocupados por el amor libre y el respeto a la mujer.

Robert Owen (1771-1858), fue un industrial que a principios del siglo XIX implementó en su fábrica mejoras para 20,000 trabajadores: reducción de los horarios laborales, seguro contra el desempleo, escuela y vivienda. Siendo tan paternalista decide fundar  “colonias comunistas”, donde se trabajaba colectivamente las tierras y la industria. En 1825 implanta este sistema en Estados Unidos donde las funda la comuna “nueva esperanza”. Luego de ser despojado de sus pertenencias en Inglaterra y Estados Unidos, decidiéndose por la lucha anarco sindical.[4]

En esta primera etapa se debe tener en cuenta a la misma vez, el surgimiento del anarquismo como ideología política y social que toma poder en Europa en la primera mitad del siglo XIX. Como las diversas modalidades del pensamiento socialista pre-marxista, es un producto francés, pues a Pierre Josep Proudhon debe su nombre y su primera formulación sistemática, aunque es justo pensar que tuvo dos poderosos padrinos en Inglaterra (Godwing) y en Alemania (Stirner).[5] Como movimiento social de las clases productoras (trabajadores, artesanos, campesinos) asume primero la forma de mutualismo, desde antes de 1850, también en Francia.

En un segundo momento, ya en la década de los 60, se convierte en colectivismo con Bakunin que reconoce en la acción revolucionaria y violenta la única vía para lograr la transformación de la sociedad, aunque no soslaya la importancia de la educación como medio de transformación social. Su pensamiento se expresa con claridad en los propósitos generales del programa anarquista publicado en Roma a mediados del siglo y que se exponen en los siguientes términos: “Toda autoridad humana o celestial debe desaparecer, desde Dios hasta el último agente de la policía. Abolición de todo privilegio. Propiedad colectiva de la tierra y de los instrumentos de trabajo. Emancipación y reintegración del hombre individual y colectivo. No más amos. Trabajo, pan, riqueza, instrucción, justicia y libertad para todos. La tierra, al que la cultiva; la máquina, al que la emplea; la casa, al que la habita; la comunidad federada… he aquí lo por venir”[6] y vincula su actividad esencialmente con la Primera Internacional, en cuyo seno se llega a constituir, durante un tiempo, la corriente mayoritaria. En esta época, en efecto, la mayor parte de obreros organizados de Italia, Francia, España, Bélgica, Portugal, suiza francesa, Holanda, etc, son anarquistas o profesan un socialismo revolucionario a fin al anarquismo. Inclusive en Gran Bretaña, con su tradeunismo, de moderadas tendencias, se encuentran más cerca del proudhonismo que del marxismo.[7]

Ya durante la década de los 60 los anarquistas llegan a América Latina y se concretan en grupos de acción. Según Carlos M. Rama “la historia del utopismo latinoamericano no comienza antes de 1830, pero en cambio se extiende por dos generaciones, casi hasta el finales de siglo. Naturalmente que por lo menos desde 1850, es coetáneo del proudhonismo, y desde 1872 aproximadamente de las dos versiones del socialismo que se conocen con el nombre de marxismo y anarquismo, todo lo cual explica que aparezca en formulaciones a menudo mixtas o híbridas”.[8]

Por todo el continente estos grupos crecen poco a poco, en México se difunden las ideas de Proudhon y Bakunin, surgiendo de esta manera las primeras organizaciones obreras, campesinas y estudiantiles de signo socialista-libertario. Desde entonces y durante más de medio siglo, el anarquismo tiene una larga y accidentada historia en muchos de los países latinoamericanos.[9]

En algunos de ellos, como en Argentina y Uruguay, logró la adhesión de la mayor parte de la clase obrera, a través de sindicatos y sociedades de resistencia, durante varias décadas. En otros como México, desempeñó un papel importante inclusive dentro de la historia política y de las contiendas armadas del país y los autores mexicanos han estudiado para su país otra variante revolucionaria vinculada a la del utopismo: la de las sublevaciones campesinas.[10] Considerando estos movimientos campesinos revolucionarios en el siglo XIX, se pueden clasificar como rebeliones mesiánicas, rebeliones por la autonomía comunal, por la democracia agraria, anti-imperialistas y por último lugar, rebeliones socialistas que son las “que alcanzan un nivel mayor de conciencia social, a medida que son influidas por ideologías externas”, provenientes del socialismo utópico.[11] Es en este país que para 1861 llega Plotino Constantino Rhodakanaty (1828-1905) un inmigrante griego, nació en Atenas, el 14 de octubre, hizo estudios de medicina en Viena y de idiomas y filosofía política en París donde conoció a un mexicano que le habló de la política agraria promovida por el presidente Comonfort y de su invitación a los extranjeros para venir México a crear colonias agrícolas, otorgándoles, inclusive, el derecho de naturalización.

Entusiasmado, Rhodakanaty se trasladó a México, al que arribó en febrero de 1861, y en el que vivió durante veinticinco años, realizando una vasta labor política y educativa así como de difusión de la doctrina socialista.[12] radicó en México hasta 1886, socialista cristiano de la línea de Saint Simon que va a editar su Cartilla Socialista o sea catecismo elemental de la escuela socialista de Charles Fourier donde da a conocer el debate que había en Francia en torno al liberalismo y las relaciones de las clases obreras con el capitalismo, de base fourierista con la tradición libertaria de los proudhonistas[13], así, para Rhodakanaty, la Iglesia mormona, con sus proyectos de colonización agrícola, trabajo colectivo, “orden unido” y su interés por los indígenas, representó la oportunidad de transformar a “la gran Tenochtitlán” en una “Nueva Jerusalén”.[14] Para Constantino Rhodakanaty, el propagar las verdades del libro de mormón era a la vez una fuente de recursos y un instrumento para “integrar a los fieles a su proyecto socialista”[15], fue el fundador del primer grupo anarquista que organizó a la clase trabajadora y campesina en México.

Así, en 1863, siendo profesor de una escuela preparatoria de la ciudad de México organizó un círculo de estudios conocido después como el “grupo de estudiantes socialistas” donde estaban,  “Francisco Zalacosta, un joven fanático que posteriormente encabezó luchas agrarias, y Santiago Villanueva, quien organizó el primer movimiento obrero”,[16] esta se considera la primera fase del socialismo utópico en América Latina.[17]

Fuera del grupo de estudiantes socialistas, en 1865, creó “La Social”, organización anarquista secreta que pretendía instaurar el socialismo en México.

En el año de 1886 fundó en Chaco la Escuela del Rayo y el Socialismo conocido también como “Club socialista”, dedicada a la instrucción de niños y peones en lectura, escritura, oratoria, métodos de organización e ideales socialistas,[18] estas dos organizaciones obreras son la piedra fundamental para la “primera experiencia sindical de coordinación en América Latina”[19]

A pesar de su corta existencia, alrededor de cuatro años, la Escuela del Rayo tuvo una considerable influencia en la región. La prueba de esto la encontramos en un joven asistente a ella, trabajador de una hacienda cercana a Texcoco, Julio Chávez López, quien influenciado por las ideas libertarias de Rhodakanaty encabezará una rebelión contra los hacendados y el gobierno, la que en poco tiempo fue sofocada.

Rhodakanaty fue un prolífico escritor, que además de fundar su propio periódico El Cronoscopio. Periódico frenológico y científico, colaboró con importantes diarios de corte radical como El hijo del trabajo , El combate y El socialista. Las temáticas abordadas por él fueron muy variadas como lo muestran algunos títulos de artículos y ensayos: “Cartilla socialista”; “Reflexiones filosófico-sociales a favor del divorcio”; “Escuela de filosofía trascendental”; “El Estado es el padrastro del pueblo”; “Estudios de filosofía social”; “Filosofía de la religión”; “Estudios trascendentales de filosofía natural aplicada a la sociología.[20]

En 1875 crea la fundación “Gran Círculo de obreros Mexicanos”, donde se agrupaban 28 sindicatos obreros de todo al país. Está además la regular colaboración con el periódico obrero El Socialista fundado por él mismo en 1871 con la ayuda de Francisco Gonzáles (1844-?) y de Juan de Mata Rivera (1838-1893). Y aquí conviene decir que mediante El Socialista el nombre de Rhodakanaty ha quedado vinculado con un texto marxista, ya que éste es el periódico que en 1884 publica la traducción española del Manifest der Kommunistischen Partei.[21]

Después de haber dejado sus mejores años en México desplegando su vitalidad e inteligencia en la escuela o en la prensa, Rhodakanaty se embarcó para Europa un día de 1886, sin hacer ruido, discretamente como había llegado.[22] Era el epílogo de la primera época del socialismo mexicano.

Durante las posteriores décadas las ideas socialistas se han de seguir transformando no solo en México sino en toda Latinoamérica, pero es a través de estos primeros momentos de recepción de ideas socialistas que se va conformando un ideario propio, de acorde a la conformación de nuevas identidades nacionales, luego de la décadas de 1830, después de concluidos los procesos independentistas, se trato de organizar nuevas estructuras políticas, sociales, económicas e intelectuales. En estos primeros momentos las idearios anarquistas, encarnados en los postulados federalistas de P. J. Proudhon, toman fuerza y se reproducen como organismos en todo el continente y se tratan de amalgamar con las condiciones de las masas obreras y campesinas que les fue fácil la recepción de ideas autogestionarias, aplicadas al fenómeno agrario, ya que estas eran similares a los antiguos modo de organización y de vida de los indígenas campesinos de México, anteriores no sólo al imperialismo español, si no al azteca. En la medida en que las ideas socialistas se abren paso en las masas obreras y campesinas en el siglo XIX, no se recurrió a la implantación de ideas exóticas, si no hacer conciencia de las practicas ancestrales de los indígenas, estos socialistas al igual que los liberales nunca abandonaron la idea de progreso, característica típica de un mundo que se abre cada día más a la industrialización y al capitalismo.

 

 

 

Bibliografía.

Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, Tomo 5: Madrid: Barcelona, 1982.

 

Engels, Federico. Del socialismo utópico al socialismo científico. Moscú: Lenguas           Modernas, 1977.

 

Fournet Betancourt, Raul. Historia de la recepción del marxismo en América Latina (En Línea)

 

Godio, Julio. Historia del movimiento obrero latinoamericano, Tomo 2: San José: Educa,            1985.

Hart, John M. El anarquismo y la clase obrera mexicana, 1860-1931. México: Siglo XXI,

1988.

Illades, Carlos. Plotino Constantino Rhodakanaty obras. México: Unam, 1998.

 

Mayola, Leticia y Reina Aoyama, “Movimientos campesinos en México durante el siglo             XIX”. Tesis: 1973.

Pani, Erika.“Rhodakanaty y la formación del pensamiento socialista en México”, Signos             Históricos, No. 11 (Enero-Junio, 2004).

Rama, Carlos M. y Ángel J. Cappelletti. El Anarquismo en América Latina. Caracas:      Biblioteca Ayacucho, 1990.

Rama, Carlos M. El utopismo socialista en América Latina. Caracas: Biblioteca Ayacucho,         1997.

Sanz Díaz, Benito. “Historia del pensamiento político moderno”. Consultado el viernes 30         de mayo, 2014,    www.google.com.sv/searchtbm=bks&q=benito+sanz+diaz#q=Historia_del_Pensa         miento_Pol_tico_Moderno_08_Socialismo_utopico

 

Vitale, Luis. Contribución a una historia del anarquismo en América Latina. Santiago:   Instituto de             investigaciones de movimientos sociales, 1998.

 

 

[1] Carlos M. Rama y Ángel J. Cappelletti, El Anarquismo en América Latina (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1990), 13.

[2] Benito Sanz Díaz, “Historia del pensamiento político moderno”, Consultado el viernes 30 de mayo, 2014, http://www.google.com.sv/search?tbm=bks&q=benito+sanz+diaz#q=Historia_del_Pensamiento_Pol_tico_Moderno_08_Socialismo_utopico

[3] Federico Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico, (Moscú: Lenguas Modernas, 1977).

[4] Luis Vitale, Contribución a una historia del anarquismo en América Latina (Santiago: Instituto de investigaciones de movimientos sociales, 1998), 2.

[5] M. Rama y J. Cappelletti, El Anarquismo en América Latina, 1.

 

[6] Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, Tomo 5 (Madrid:Barcelona, 1982), 354.

[7] M. Rama y J. Cappelletti, El Anarquismo en América Latina, 9.

[8] Carlos M. Rama, El utopismo socialista en América Latina, prologo a Utopismo Socialista (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1997), 9.

[9] M. Rama y J.Cappelletti, El anarquismo en América Latina, 10.

[10] M. Rama y J.Cappelletti, El anarquismo en América Latina,14.

[11] Leticia Mayola y Reina Aoyama, “Movimientos campesinos en México durante el siglo XIX”, Tesis: 1973, 26.

[12] Carlos Illades, Plotino Constantino Rhodakanaty obras (Mexico: Unam, 1998), 8.

[13] M. Rama y J.Cappelletti, El anarquismo en América Latina, 287.

[14] Erika Pani, “Rhodakanaty y la formación del pensamiento socialista en México”, Signos Históricos, No. 11 (Enero-Junio, 2004):158-163.

[15] Erika Pani, “Rhodakanaty y la formación del pensamiento socialista en México”,161.

 

[16] John M. Hart, “Los anarquistas Mexicanos, 1680-1690”. Sep Setentas, no. 121  (1974) .

[17] Fournet Betancourt, Historia de la recepción del marxismo en América Latina (  ),16 .

[18] Fournet Betancourt, Historia de la recepción del marxismo en América Latina (  ),16.

[19] Julio Godio, historia del movimiento obrero latinoamericano, Tomo 2 (San José: Educa, 1985), 46.

[20] Carlos Illades, Plotino Constantino Rhodakanaty obras, 41-67.

[21]Fournet Betancourt, Historia de la recepción del marxismo en América Latina (  ),16.

[22]John M. Hart, El anarquismo y la clase obrera mexicana, 1860-1931 (México: Siglo XXI,

1988.)

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